La Política Al Revés
Según Wikipedia, la política “(del griego πολιτικος (politikós), «ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad») es la actividad humana tendente a gobernar o dirigir la acción del estado en beneficio de la sociedad. Es el proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de un grupo.” En esta definición hay tres aspectos importantes: primero, dirección de la acción del estado en beneficio de la sociedad; segundo, orientación ideológica hacia la toma de decisiones; y, tercero, las decisiones son encaminadas hacia el logro de objetivos de un grupo.”
En nuestra sociedad actual corresponde preguntarse si los que practican la política en nuestro medio se ajustan a la definición pura antes descrita, principalmente porque proviene de Aristóteles cinco siglos antes de Cristo, el autor del tratado del mismo Nombre, “Política,” el que también dió origen a concepciones modernas del manejo ciudadano, gubernamental y cívico.
Si no se ajustan a la definición de Aristóteles, vale la pena considerar si los políticos actuales se ajustan mejor a las concepciones de un pensador que vivió en Florencia, Italia, 2000 años después de Aristóteles: Nicolás Maquiavelo (1469-1527). Maquiavelo fue el autor de El Príncipe, una obra en la que no se ocupa de las cuestiones morales de la política o de cómo buscar el beneficio de la sociedad. Su enfoque principal radica en cómo el poder puede ser establecido y mantenido, al costo que sea. O sea, cómo lograr llegar al poder y cómo quedarse en él. A manera de ejemplo, según Maquiavelo “el gobernante tiene derecho a valerse de medios inmorales para la consolidación y conservación del poder.” Esa frase parece ser la norma y no la excepción en la práctica de la política vernacular.
La figura o personalidad del político es clave para explorar las ideas de Maquiavelo, porque para él “el político ha de ser una persona hábil, capaz de manipular situaciones valiéndose de cualquier medio; ha de poseer destreza, y una equilibrada combinación de fuerza y tesón, además de intuición para sortear los obstáculos que se le presente y una carencia total de escrúpulos. Ha de ser además capaz de actuar según los cambios momentáneos, buscando apoyos o forzando traiciones según las circunstancias. En consecuencia, el político no debe poseer virtud alguna, pero ha de estar en condiciones de simular poseerlas todas, lo que supone actuar con absoluta indiferencia ante el bien y el mal (amoral) con absoluto despotismo.” En buen dominicano, el político exitoso debe ser “un vivo,” pero no un vivo cualquiera sino un vivo fino, cantante y sonante, ambicioso y profundamente coyuntural. El político vivo descubre que su primera misión una vez elegido es mantenerse elegido y sin deseo o pasión por el poder el político no es un buen político.
En todo ámbito político local se puede hacer la pregunta: ¿practicamos la política del “bienestar común” o la del “vivo coyuntural”? Para el Terrenero las preguntas retóricas no son muy efectivas, hay que “aterrizarlas”, o sea, llevarlas al plano real para que entendamos sus implicaciones. Por ello, el lector puede tomar a cada una de las personas que buscan el favor político del público y al lado de cada nombre hacerse la pregunta clave:
a) Lic. José Alexis Martínez, síndico municipal, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
b) Lic. Eduardo Esteban (Willy), pre-candidato PLD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
c) Lic. Guillermo Alcequiez, pre-candidato PLD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
d) Dr. Camilo Medina, pre-candidato PRD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
e) Lic. Litvinoff Martínez, pre-candidato PRD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
f) Dra. Elsa de León, pre-candidata a diputada PLD, ¿bienestar común o viva coyuntural?
g) Sr. Dionisio Martínez, pre-cand. a síndico PRD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
h) Sr. Miguelín Bezi, pre-candidato a senador, PLD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
i) Dr. Prim Pujals, pre-candidato a senador, PLD, ¿bienestar común o vivo coyuntural?
Y así se puede añadir a cada político, hombre o mujer, que busca ser elegido para un cargo representativo.
Las mejores esperanzas para Las Terrenas e, incidentalmente, para el pais, es que se despierten personas con interés político pero que al mismo tiempo sean contra-cultura política. O sea, que se atrevan a postularse y a hacer política rechazando todas las maneras maquiavélicas de los políticos actuales, que en muchos casos no son más que politiquitos de muelle que se sientan a confabular las acciones y opciones que tienen a su alcance para lograr los fines que desean. Es obvio que les dá resultado porque continúan siendo elegidos; pero para el pueblo en general el resultado es francamente penoso.
Por eso es que la política está al revés, porque en lugar de una mejora general del bienestar público parecemos hundirnos más en un meollo político de confabulaciones, estrategias y planteamientos maquiavélicos. En realidad, Maquiavelo buscaba establecer una política de soberanía del estado alcanzable por medio de métodos despóticos. Nuestros políticos maquiavélicos una vez llegan al poder se quedan ahí, en lo maquiavélico, en lo despótico, sin pretender alcanzar a un afianzamiento de las características básicas de un estado que pueda ofertar una mayor y mejor calidad de vida a cada ciudadano, votante o no.
